La literatura tomó por sorpresa las salas de estudio: Cuentacuentos irrumpen en la rutina académica
En el marco de la celebración de la Semana del Libro, los espacios de estudio de la institución se transformaron este martes 21 en un escenario vivo de oralidad. La Red de Narradores Orales de Caracas y Ciccrea unieron esfuerzos para llevar a cabo una intervención inmersiva que sorprendió a los estudiantes en plena jornada de preparación de exámenes.

Un paréntesis de asombro entre libros y apuntes
La actividad llamada “La biblioteca echa cuentos”, concebida como un «asalto cultural» breve pero de alto impacto, buscó desconectar a los jóvenes de la carga académica para reconectarlos con la chispa infantil y la memoria colectiva a través de la palabra hablada.
La jornada inició en la Sala de Referencia, donde el flujo de estudio fue interrumpido por la voz de Felipe Piñango, quien declamó con maestría «La palabra» de Pablo Neruda y el humor costumbrista de «El apagón» de Aquiles Nazoa. La atmósfera se tornó mágica con las narraciones de Marlyn Hernández, quien cautivó a la audiencia con «El canto de la Manuela» de Johanna Molina y Evelin Perdomo, encargada de traer a la vida la curiosidad de «Alicia Caerina», del emblemático Gianni Rodari.
Entre relatos, los estudiantes participaron activamente en dinámicas de palabras y rondas de adivinanzas que aligeraron el ambiente de estrés universitario


El poder de la brevedad
La acción cultural se trasladó luego a la Sala de Ciencias. Allí, José Gregorio Franquiz ofreció una interpretación escénica del poema dramático «Ay que me duele un dedo tilín», seguido de una nueva lectura del texto de Neruda por parte de Piñango, reforzando el valor del lenguaje como patrimonio humano.
Para cerrar la intervención, Cristina Molinati junto a los narradores realizaron un juego de palabras que integró a los presentes en un coro de risas y reflexión.
«Fue un espacio de conexión pura con la oralidad. A pesar de que la intervención no duró más de 15 minutos, logramos refrescar la mente de los estudiantes y recordarles que la literatura también es juego y encuentro», señalaron representantes de la organización.


Esta iniciativa demuestra que el fomento de la lectura y la cultura no solo reside en el silencio de las bibliotecas, sino en la vibrante capacidad de la palabra para detener el tiempo, incluso en los momentos de mayor presión académica
